La boda de Román y Ingrid en Texcoco, Estado México
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R&I
22 Feb, 2020La crónica de nuestra boda
El día más maravilloso de mi vida...
Román y yo nos conocimos en una estudiantina de la iglesia de nuestra comunidad en el 2006.
Él dice que desde que me vió se flechó, pero a pesar de eso nuestra historia comenzó el domingo 24 de junio de 2007; pasamos muchas experiencias durante nuestros 12 años de noviazgo, algunas buenas, otras no muy agradables pero siempre buscando fortalecer nuestra relación con ayuda de la comunicación, el amor y por supuesto de la mano de Dios.
Honestamente, al tener cuatro años de diferencia nunca pensamos que nuestra relación llegara tan lejos. Sin embargo, a partir del primer te amo, tuve la ilusión de poder unir nuestra vida con la bendición del sacramento; muchas veces llegue a dudar en que él y yo nos casaríamos, pero él siempre me dijo que sería una sorpresa y en el momento menos esperado.
Hasta que un domingo 11 de noviembre de 2018, recibí una llamada de Román por la mañana en donde me daba una mala noticia: pues le habían pedido en su trabajo auditar una tienda de última hora, pero para no dejar de vernos ese día, me pidió que lo acompañara para presentarme a su jefe y al terminar el trabajo distraernos un rato.
Seguir leyendo »Me sorprendió un poco, porque me pidió que me arreglara muy bien, bajo el pretexto que era una tienda muy nice, incluso hasta me motivó a arreglarme las uñas. Fue esa petición la que me hizo sospechar sus planes, pero no me deje emocionar para evitar desilusiones (ustedes saben: ¡después de 12 años!)
En el camino al trabajo, lo notaba muy emocionado pero a la vez con mucha tranquilidad, eran momentos de sospecha pero a la vez todo parecía normal, así que no sabía que pensar, mi cabeza estallaba de pensamientos hasta que me fastidié de ellos y me dije: -ya deja de pensar, simplemente disfruta y vive el momento, ¡total si fuera una pedida de mano no te diría que va al trabajo! y eso hice.
Cuando llegamos a nuestro supuesto destino ocurrió lo inesperado, pues en lugar de llegar a la tienda para la auditoría llegamos al Cirque du Solei, me quedé perpleja porque desde niña soñaba con presenciar uno de sus shows, uno de esos sueños que simplemente crees que no cumplirás, no porque no te creas capaz de hacerlo, sino porque no le das la importancia que merece. Sin embargo, él le dio la importancia que yo había olvidado y cumplió mi sueño; ya se imaginarán lo feliz que estaba y más porque al preguntarle por tan grata sopresa, él simplemente se limitó a decirme que quería hacer de ese domingo un día inolvidable para los dos.
El show fue magnífico, superó en definitiva todas mis expectativas y aún cuando creí que durante el espectáculo tal vez me daría el tan esperado anillo, no fue así; por lo que mis pensamientos obsesivos regresaron batallando con mis pensamientos que me decían ¡tranquila!
Termino el show y me invitó a comer al Bellini del WTC, yo estaba totalmente desconcertada porque no sabía que más sorpresas o no sorpresas habría, pero me limitaba a disfrutar. Comimos delicioso y se nos fue el día platicando de todo lo que nos viniera a la mente, no había prisa, ni preocupaciones o estrés, sólo estábamos él y yo.
Mientras cenábamos comenzó a oscurecerse, por lo que de repente la plática se empezó a tornar aún más romántica, nos abrazamos y mirábamos la ciudad girar a la par de la conversación. Hasta que de un momento a otro se arrodilló y con lágrimas y una sonrisa me pidió que me casara con él. Para mí el tiempo se congeló y la felicidad no cabía en mi cuerpo, lo único que pude decir fue sí sellando la respuesta con un beso y un abrazo. Ese momento, fue el más feliz de mi vida.
Posterior a ello, los preparativos no fueron tan románticos ni de princesa. Tuvimos que aprender a negociar y a ceder dependiendo de la relevancia de los acuerdos, no fue tarea sencilla, sin embargo, trabajamos en equipo para lograrlo.
Vimos muchísimos jardines y salones, incluso fuimos a tres exposiciones de boda para buscar los mejores precios y la mayor calidad posible. Ni siquiera les cuento cuántos vestidos de novia me probé porque no lo recuerdo, sólo sé que fueron muchísimos, incluso no estoy segura si fueron las mejores negociaciones, pero sí considero que contratamos la mejor opción que encontramos en ese momento.
Entre el trabajo y los compromisos familliares fue muy dificil encontrar los tiempos adecuados para la planeación del gran día y pesar de tener más de un año para planearlo parecía que el tiempo nos estaba comiendo. Incluso al final tuvimos que pedir apoyo de nuestros papás porque la iglesia que queríamos, sólo la podíamos apartar al llegar los tres meses de anticipación por lo que todo se retrasó, las invitaciones, el programa del evento, la boda civil, etc.
Por la misma premura de la iglesia, al poco tiempo de la gran fecha, todo se juntó: El trabajo, los trámites de la boda civil (optamos por las dos celebraciones el mismo día), despedida de soltera, pagos, entrega de invitaciones, sesiones de fotos, problemas con el vestido, con el traje, problemas con los padrinos, en fin mil cosas. Debo admitir que me convertí en una novia mounstro, por tanta presión, falté sin dos días antes al trabajo sin permiso, me pelee con mi jefa, hasta pensé que me liquidarían y ni siquiera tuve tiempo de irme a confesar para la misa ¡pueden creerlo!
Ese día, no pude dormir pensando a dónde iría para confesarme, comulgar era lo más importante de nuestra boda y yo tan irresponsable no me había confesado. Me levanté super temprano y pobre de mi papá me llevaba de una iglesia a otra para poder lograrlo hasta que por fin pude realizarlo.
Recuerdo claramente la cara del padre casi casi diciendo ¡ay hija, cómo puede ser posible! pero lo único que hizo fue darme su bendición.
Con su bendición y un llanto de culpa espantoso, me prometí que la vida de presiones y atención a lo intrascendente debería despojarse de mí pues de ahora en adelante tendría que aprender a dar prioridad a lo que de verdad vale la pena poner atención, además de hacer las cosas en su tiempo.
Después de ello sentí que me quitaron diez mil kilos de encima y mi alma descanso, ahora sí nada de lo pasara importaría pues lo más importante ya estaba cumplido.
Y bueno, algunos problemas por los que pasé fueron estos: Mi damo de honor me dejó de hablar ese día, el vestido me quedó grande, no me lo supieron ajustar; no tenía aretes ni accesorios, mi peinado y maquillaje no me gustaron en lo absoluto y el ramo lo hicieron de una forma en que no lo pedí y ya no había tiempo para arreglarlo (siempre el tiempo).
Sí o sí, para una novia la apariencia es fundamental, así que me sentía horrible para nada me veía como lo había soñado, pero recordé algo que mi mejor amiga siempre me hacía saber: lo único importante es el sacramento (unión).
Eso me ayudó muchísimo, porque recordé que el final del día, a pesar de todos los problemas que pudieran existir ese día lo único que realmente es importante y vale la pena es ¡la unión de nuestra vida ante Dios! Al final el peinado, el atuendo, las decoraciones, etc. están de más, lo único que importa que esté bien es el amor entre los dos.
Gracias al cielo que lo recordé, porque al despojarte de ello comienzas a deleitar las bendiciones que tenemos y a partir de ahí, nuestra boda fue maravillosa. Tanto así que todos nuestros invitados, más que del jardín, la comida, el programa hablaban de la felicidad y el amor que irradiabamos, para mí eso fue lo que hizo tan especial el ahora nuestro día más maravilloso.
Después de la boda, continuamos la fiesta en el jardín y nuestra familia nos acompañó al aeropuerto a nuestra próxima aventura.... nuestra luna de miel, pero esa señores y señoras; ¡esa! es otra historia.
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